20 de Junio del 2003

 

Mis queridos hijos, 

 

Compañía íntima con Dios es el principio del entendimiento del abandono total donde ni siquiera una sombra permanece para recordarles el tiempo una vez utilizado . . . . . . . desperdiciado y perdido para siempre.   Es la primavera del alma que solo desea hacer y vivir la Voluntad de Dios. Estas almas son refrescadas por la reparación, el amor y la misericordia, y cuando se mezclan se convierten en una miel dulce . . . dulce al paladar de aquel que desea el consuelo de Sus escogidos.

 

Ustedes pequeños, que emprenden esa guerra contra la repugnancia del pecado, deben en  su infelicidad levantar el modelo de rectitud mientras continúan la batalla por las almas. 

 

Dios los ama. Encuentren el cariño de Su corazón y encontrarán la paz eterna. 

 

(Comentario de la recipiente): En este mensaje Nuestro Senor nos anima a reconocer la necesidad absoluta de reevaluar nuestra relación personal con El.  La vida verdadera en Cristo llena el vacío que dejan las atracciones del mundo en donde todo en su tiempo  debe terminar. Todo es cenizas, como dice la Biblia, y todo volverá a  serlo.  Somos  llamados a una vida mejor, a la vida de la perfección del alma. Es un estado que solo podemos luchar para obtener mientras estamos en el mundo. Esto es a lo que nosotros, como Cristianos, estamos llamados: “A ser perfectos como Yo (Jesus) soy perfecto”.   ¿Cómo obtenemos esta perfección? Por medio de la purificación. .  . . No es algo placentero para muchos, pero necesario en la vista de Nuestro Senor.  Si solo pudiéramos ver con los ojos del Amor Divino, nuestros pensamientos de la perfección   no fueran ignorados sino apreciados como un verdadero don de Dios.  Aunque breve, este mensaje requiere tiempo y discernimiento porque hablará a muchos corazones y nos revelará diferentes percepciones mientras viajamos por la vida.