14 de Febrero de 2003

 

 (La recipiente) “Dulce Madre Santísima, ¿qué tienes que decirnos en esta noche?” 

 

“¿Qué es lo que ves dentro de Mis hijos? ¿Qué es lo que ves oculto dentro de sus corazones?  Hija, los dones que has recibido, el dolor que llevas, el dolor que llevas por el gozo de amar y abrazar a cada uno de los hijos de Dios. Tu corazón toca el pequeño dolor de cada alma y Yo vengo a ti esta noche para que juntas podamos darnos consuelo.”

 

“Madre, tan poco preparada. Cuando hago oración en parábolas y en lenguas y nada parece tener sentido y a la vez todo tiene sentido.  Son las hermosas palabras que fluyen y sé que alaban a Dios Todopoderoso por todo lo que nos brinda.  Por las amistades,  las pruebas, la perseverancia, la habilidad de aclamar Su nombre, de decir Jesus. Jesus te necesito. ¿Como puedo vivir sin Ti?” 

 

“Pequeña hija, has escogido bien pues es Jesus quien trae la curación a muchas de las heridas que están reunidas aquí en esta noche.  Algunas son sencillas y otras que lastiman profundamente en las heridas del dolor.  ¿Como podemos, hija Mía, sanar estas heridas?” 

 

“Oremos y le pedimos a Jesus.  Somos Sus hijos, Su familia.  Oremos juntos.  Le amamos.  Lo buscamos.  Y aun cuando se esconde,  lo buscamos diligentemente para encontrarlo.  Nuestras vidas y oraciones son tan áridas que no deseamos ni orar, pero sabemos que el Está allí y que solo nos prueba.  Siempre amándonos y alentándonos.  Y solo oramos.”  “¿Es cierto ésto, Madre?”  

 

“La oración, hija Mía, es el instrumento de Dios que sana al mundo adolorido.  Unos  a otros deben alentarse cuando los tiempos son difíciles.  El amor de Dios es muy grande y los fortalece con el amor necesario y la ternura necesaria para tocar los corazones más endurecidos. Hablen con El.  Pregunten qué es lo Él desea para ustedes. Este es un tiempo de gran intimidad entre ustedes y El Padre. No teman venir a El.  Miren qué tanto los ama y los espera y espera conversar con ustedes.  Qué tan profundamente los ama y como le duele Su corazón cuando ese  amor es rechazado.”

 

“Ayudaremos, Madre.   Vamos a orar más.  Seremos  una familia unida al amor de Dios.  Diariamente vamos a hacer oración  los unos por los otros y diariamente por nuestro Santo Padre mientras guía Su iglesia en este tiempo de gran tribulación y vendrá un tiempo de un gran renacer y de gran gozo.  No tenemos temor y vamos a perseverar.  ¿Hay algo más, Madre?”

 

“Amen, Mis hijos….. nunca se olviden de hacer todo por amor.  El amor sana. Aunque todo desaparezca, el amor permanecerá pues Dios es amor y ustedes son Sus hijos, escogidos, nombrados y llamados a Su servicio. Vengan con un corazón lleno de gozo y el dolor que llevan se desaparecerá y encontrarán paz.  La paz que llevarán a un mundo que está tan profundamente herido. Ora, hija Mía.”

 

(extensa oración en lenguas)  “Venimos ante Ti Senor.  Eres precioso, Senor.  Hacemos reverencia ante Ti, Senor y le pedimos a Jesus por la gracia de perseverar, la  gracia de ser vasos de Tu amor, completamente vacíos de nosotros mismos y  llenos completamente de Ti y de Tu amor.”  

 

“Bien  hecho, hija Mía.  Bien hecho.” 

 

(Visual) Hermosas mariposas.  Oyen su aleteo. El cuarto se vuelve azul, azul pálido con luces que brillan.   El Espíritu Santo está entre nosotros.  Desea derramar su Poder sanador sobre nosotros.  Seamos abiertos a Su voluntad   Escuchemos cuidadosamente Su  voz.  Las mariposas vuelan alrededor de Nuestra Madre Santísima.  Las recoge y sonríe mientras ve que las otras se vuelven así a Sus hijitos preciosos que ignoran gracias que han recibido esta noche,  un don, un don de Nuestro Senor y de Nuestra Senora.